Biografía de Navia

 Biografía de Navia Rodríguez. Escrito por Maria Antonia Rodríguez el entre el 31 de Enero y 1 de Febrero del año 2022


Navia nació el 10 de agosto de 2019. Su madre, una pitbull color chocolate muy hermosa que por accidente la dejaron preñar por un cachorro criollo. La madre, tuvo ocho perritos y Navia fue la última en nacer, fue la más pequeña de la manada y tenía una malformación en su extremidad derecha delantera.

Los hermanitos de Navia se fueron dando en adopción; ya que como no salieron finos como la madre no se vendieron.


Navia permanecía oculta, el dueño pensaba que no había nadie quien se encargara del animalito y era probable que la sacrificaran.


Tenia diez días de Nacida cuando llegó a las manos de Toña, quien pasaba por la casa del dueño y vio que estaba regalando a los hermanitos. Dos machos que quedaban.

Toña quería una hembra, así que le le dijo al dueño eso mismo. Entonces un tanto dudoso , el joven dueño se introdujo a la casa, fue al patio y trajo en su mano a la recién nacida la cual estaba gordita pero con pulgas. Sin embargo, esa mirada brillante y tierna fue un flechazo para su futura madre humana adoptante. Una enfermera jefa ya jubilada que siempre tuvo la necesidad e impulso de ayudar a los demás y más si tienen condiciones de menos favorabilidad.

Su, ahora, madre adoptiva se la llevó a casa, le daba tetero cada tres horas, la llevó al veterinario y fue creciendo saludable pero su pata delantera derecha seguía sin desarrollarse plenamente, crecía como si siempre estuviera flexionada hacia adelante. Así que, cuando Navia tenía ocho meses, Toña la llevó al veterinario para revisar una posible cirugía que le ayudara a estirar la pata ya que dicha malformación era un problema: Navia se enredaba con otros perros al jugar, se estrellaba con frecuencia y por tanto sufría dolor y algunas heridas. El doctor dijo que tocaba esperar a que cumpliera un año porque se suponía que no crecería más.

Cuando Navia cumplió el primer año de vida Toña de nuevo la llevó al veterinario. En esta oportunidad fue valorada por un ortopedista de perros, catedrático de la universidad y operaba solo en una clínica ubicada en el centro de Ibagué, en Colombia.

Fue ingresada al sistema, se le abrió historia clínica, igual que se hace con los humanos. Registraron sus datos, fecha de nacimiento, vacunas, antecedentes, comidas, hábitos y peso actual entre otros datos.

El doctor ordenó exámenes de laboratorio y una radiografía de la extremidad afectada. Para la noche ya estaban todos los resultados y el ortopedista le explicó a Toña los hallazgos. En cuanto a la sangre todo era normal, en cuanto a la radiografía le mostró que el húmero era muy delgado y curvo. En el antebrazo le faltaba el radio y el cubito también era delgado y curvo.

Para tratar de alienar estos huesos, tendría que fracturarlos y luego soldarlos con piezas de platino, por otra parte intentaría colocar una pieza que reemplazara el radio. La hizo firmar un consentimiento informado en dónde se explicaba las posibles complicaciones y que podría terminar en amputación.

Toña puso toda la fe en este médico veterinario, al fin y al cabo es especialista en huesos de perros.

Esa noche Navia ya fue hospitalizada. A la mañana siguiente sería intervenida quirúrgicamente.

La noche para Toña, estuvo matizada de momentos en vela, pensando. A la mañana siguiente acudió a las 9 de la mañana, hora de visita y Navia ya estaba operada y aún bajo efectos de sedación.

La veterinaria coordinadora informó a la dueña que el especialista ordenaba cinco días de hospitalización para administrarle antibióticos por vía intravenosa para evitar una infección. En su extremidad izquierda tenía una vena canalizada para tal fin y además hidratarla. Ese primer día, estuvo en general tranquilo, Navia dormitaba y no recibió alimento.

Al segundo día, cuando Toña acude a la hora de la visita, la coordinadora le dice que Navia se recostó sobre du extremidad operada y que la cirugía se dañó. No era posible, Navia, estaba inmovilizada.

La tristeza, la rabia y frustración se apoderaron de Toña. Ante sus dudas y reclamos el ortopedista, quien nunca más dió la cara, envío un mensaje diciendo que eso era de esperarse y que yo sabía los posibles riesgos. Entonces, acto seguido, Toña pide que sea amputada, no la va a someter a mas cirugías que no van a funcionar en cambio si le van a exigir mucho más dinero del que ya había pagado.

A la madrugada del tercer día Navia es llevada a cirugía, le amputan su extremidad derecha delantera, la desarticulan de la clavícula y la suturan con un naylon muy fuerte para evitar sangrado masivo. Al verla en la tarde, adormecida, ya sin su extremidad, Toña sintió deseos de llorar. Seguía sintiendo rabia y desconfianza, tanto dinero invertido y había fracasado el procedimiento. Le dijeron que Navia tenía que seguir recibiendo antibióticos por cinco días más para prevenir una infección.

Toña le llevaba carne y pollo, todo asado y con un poco de sal, arroz, con un poco de brócoli, Navia comía pero muy poco. Lo que quedaba se le daba a un perro viejo, espelucado a quien le decían "cara de loco". Este perro si comía con ganas. Estaba allí porque había sido mordido por una serpiente, eso fue lo que contaron. Cara de loco, no tenía movilidad en sus extremidades traseras y se arrastraba por el piso. Le ponían un pañal para facilitar las cosas.

Toña seguia visitando a Navia, quien parecía sentir vergüenza por su estado actual. Agachaba su cabeza y sus tiernos ojos se veían quebrados, siempre con lágrimas, era tan doloroso verla en ese estado, pues siempre había sido una perra feliz, amorosa y ahora ni siquiera movía su cola para saludar a su ama.

Al quinto día Toña se la llevó a casa, con la promesa de la administradora de la clínica que le haría curación diaria en la vivienda.

Así fue como Navia, después de mes y medios ya había sanado por completo, ese hueco que se le hizo en la herida y por donde drenaba sangre, por fin cerro. Margarita quien acompañaba a Toña, fue una cuidadora excelente y le preparo comida sana y exquisita. Navia, ganó peso, volvió a ser feliz corría por el parque, daba lenguetazos llenos de amor, su cola bailaba de alegría con frecuencia y sus ojos café eran los más hermosos del mundo perruno de todo ese lugar.

Hoy en día, Navia y Toña, gozan de buena salud, son fieles compañeras. Están de paso en el campo mientras pasa la pandemia por el Covid 19. Están a la espera de encontrar quien le haga una prótesis porque aunque se desplaza muy bien y llega tomar una buena velocidad corriendo, es mejor ir preparándola para más adelante en su vejez.

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